Guia para el votante argentino


La magia de los estímulos

En la facultad conocí una disciplina que pone como piedra angular ser capaz de comprender las necesidades del público, crear respuestas a esas necesidades y favorecer las condiciones necesarias para inmiscuirse en la toma de decisiones de este público: el Marketing. Uno tiene que apuntar bien al objetivo (target), entender bien quienes son “ellos”, y con eso tenemos la mitad del trabajo hecho. Luego hacemos una investigación de mercado que pruebe distintas hipótesis de qué es lo que “realmente” quiere nuestro público objetivo. Después de haber encontrar la respuesta a “¿Qué quiere el target?” o “¿Qué le mueve la aguja de las decisiones?”, lo desarrollamos, ponemos especial atención a cómo y donde lo comunicamos, y finalmente lo vendemos.

Este es el camino de un Marketing reactivo a nuestras preferencias digamos, el público tiene una necesidad identificable y conocida, y los vendedores reaccionan aportando una solución.

¿Pero que pasa con los productos nuevos? Si la gente no conoce un producto no lo va a reclamar ni comprar. Ahí vuelve a entrar el Marketing, pero esta vez de forma proactiva, debe “crear” o “activar” una necesidad con las herramientas que dispone para poder vender su nuevo producto (probablemente con un tag de “¡Nuevo!”).

El tema es que esto no es gratis: para ésto hace falta mucha, mucha, mucha guita; sobre todo cuando estamos hablando de Política.

El Marketing es mágico (ni hablemos del Neuromarketing), puede cambiar la “realidad” de la noche a la mañana y probablemente el público olvide cuáles eran las variables que influían en su pensamiento previo al cambio. Además tiene otro beneficio que obviamente nos muestra la magia: penetra en absolutamente todas las personas. Repito por si las dudas, todos somos permeables al Marketing, lo que cambia entre cada uno es qué nos “mueve la aguja”.

¿Quién es el político?

Es una persona que representa, o intenta representar los deseos, voluntades o necesidades de un grupo social. Como individuo también tiene sus propios intereses, pero se supone que de alguna manera se alinean con los deseos de a quienes representa. Esto no es tan así por lo visto, si tuviese que adivinar los principales deseos de los políticos es tener un retorno de dinero y poder para ellos y quienes financian sus costosas campañas, las cuales dudo que sean tan costosas y solamente busquen “Un mejor país”, “Un país más seguro” o “Un país para la victoria” (¡para hacer un país mejor no gastes tanto en carteles!). Si soy un poquito más bueno, algunos tienen vocación social, el tema es que el sistema está dado para que viva la corrupción.

Pero la política no es un juego de niños, ganar una elección es cómo comprarse un avión comercial de los grandes, pesados y con olor a basura podrida y llevarlo a 200 metros del suelo. Hay que saber pilotearla.

Suponemos que el político ocupa su lugar dentro de un partido también es idóneo para tomar decisiones, porque conoce las problemáticas y también de las diferentes alternativas para atacarlas. Pero claramente no estamos frente a máquinas, sino a personas que trabajan en equipos, con todas las implicancias que eso presenta: son influenciables, delegan, conversan, debaten. Finalmente tomarán la decisión que más votos le reporte en el futuro.

El político es una persona que habla, habla y habla para convencernos de que debemos seguir su manera de pensar o actuar, porque es la correcta, la más valida, la de Dios, o lo que más le convenza al target al que se dirigen, la que les “mueva la aguja”. Poco importa si realmente se atienden las necesidades de los ciudadanos.

Los políticos sin un buen aparato de Marketing no pueden hacer nada, sino preguntémosle al pobre Yattah…


¿Qué juego juegan los políticos?

Ganar las elecciones, punto.

Vivimos en un sistema democrático representativo, republicano y federal. Eso quiere decir que cada tanto vamos a tomar el control de nuestros brazos y acercar a una urna la papeleta que más nos guste. Si vamos a querer proponer algo, debemos formar un partido, o afiliarnos a alguno existente… Pero obviamente nadie nos va a dar bola, porque el sistema no está hecho para que opinemos ni mucho menos para que decidamos, sino para que elijamos entre una serie de variantes.

Les propongo un escenario: nos levantamos un Domingo de elecciones, sin saber absolutamente nada de los candidatos, donde nadie nos comunicó cuales son, ni tampoco que representan. Desayunamos y vamos a la escuela del barrio, entramos al cuarto escuro y vemos 25 tipo de boletas distintas. Automáticamente nos volvemos locos y vamos a intentar decidir casi a ciegas que cara llevamos a la urna.

Algo parecido (sino exactamente lo mismo) sucede en las elecciones actuales, solo que el equipo de Marketing de cada político se encarga de que en vez de volvernos locos no tengamos la dificultad de decidir a quien votemos. Contratarán medios para llegar a nosotros, porque saben que nos gustan las telenovelas turcas y los documentales de chimpancés, y aprovecharán el espacio que compraron con la guita que les “regalaron” -o que invirtieron en ellos- los que financiaron las campañas para comunicarnos “eso que nos mueve la aguja”.

Si alguna vez te sentiste identificado con algún político en un cartel, radio, televisión, youtube o en la calle, fuiste víctima del Marketing. A veces puede venir en forma de Cadena Nacional, o un baile con globitos o un ejemplar del “Manifiesto Comunista”. La única forma de poder comenzar a tener un pensamiento crítico sobre los problemas que tenemos como sociedad y cuáles son las alternativas para solucionarlas, es abrazando la idea de que el Marketing existe, y no solo eso, sino que funciona. De esa manera, lo podemos sacar de la ecuación a la hora de tomar la decisión sobre quiénes queremos que sean nuestros representantes.

Los políticos saben que al ganar se llevan un enorme cheque en blanco, con muchos ceros, y muy pocos controles legales que acatar. Porque obviamente, el pueblo ha hablado, o mejor dicho, ha levantado una papeleta y la ha puesto en un cubo de cartón. Lo más interesante de todo esto es que por el plazo de tiempo que no haya elecciones, no nos tienen que rendir cuentas.

“Con Fe y Esperanza”

¿Hay alguna herramienta popular para mejorar esta situación? En mi humilde opinión: Si. La Democracia en Red. Con el apoyo de la tecnología de código abierto de una Plataforma online, llamemosla DemocracyOS, donde los ciudadanos puedan debatir ideas y soluciones a las problemáticas existentes. Luego podrán expresar su opinión definitiva. Esto va a generar que los gobernantes tengan que rendir cuentas ante sus propios afiliados o los ciudadanos en general.

Ojo, esto no quiere decir que todas las decisiones sean plesbicitadas, eso haría impracticable la gestión del Estado de manera eficiente. Pero se generaría una apertura del conocimiento de las voluntades, deseos o necesidades de todos y todas.

Imaginemos la siguiente situación. Los afiliados al Partido Justicialista que debaten dentro de la Plataforma tienen un nuevo tema de discusión: ¿Deberíamos darle la propiedad de las tierras a los pueblo originarios establecidos hace más de 50 años en tierras fiscales? Luego del debate y la exposición de ideas, se votó y los resultados arrojaron:

  • SI – 60%
  • NO – 30%
  • ABSTENCIÓN – 10%

Al día siguiente se celebra la sesión en el Congreso y los legisladores están al tanto de la voluntad de sus afiliados. Los que pondrán su voto por el SI deberán explicar por qué lo hicieron, “por la voluntad del pueblo y los compañeros” o algún discurso por el estilo, pero si la medida que toman es el NO, o sea, la más impopular, deberán explicar por qué van en contra de los deseos o necesidades de los ciudadanos, así pagando el debido costo político de traicionar a sus votantes.

Si los resultados que tuvieron al final de su mandato fue positivo, y no hay mejores alternativas dentro de los candidatos, probablemente sean reelectos para su cargo o para otros. Pero si el resultado de su gestión fue negativa, o traicionaron mucho a su electorado, probablemente no vuelvan a ganar dentro de ese mismo espacio político.

Con este burdo ejemplo quiero demostrar que tenemos la capacidad de hacer un sistema más transparente, solamente que como ciudadanos no lo estamos reclamando. Estamos mirando a los políticos como personajes ficticios con atributos sobrehumanos, solamente porque nos encegueció el Marketing. ¿Qué pasaría si empezamos a participar un poco más?

¿Qué juego juegan los políticos? Ganar las elecciones, punto. ¿Qué juego vas a jugar vos? Es cosa tuya.

Una vez más me voy a encontrar frente a una urna. No se me ocurre una imagen más triste. Me quedaré esperando y preparándome para que despierte la Red.


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